Memoria
Repaso espaciado y recuerdo activo: estudiar para no olvidar
Dos técnicas para que lo que estudias se quede: repasar a intervalos crecientes y ponerte a prueba en vez de releer. Cómo aplicarlas paso a paso.
Seguro que te ha pasado: estudias un tema a fondo, lo dominas, y dos semanas después apenas recuerdas las ideas principales. No es un problema tuyo, es cómo funciona la memoria. A finales del siglo XIX, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus describió la llamada curva del olvido: lo que aprendemos se pierde rápido al principio y más despacio después, salvo que lo repasemos.
La buena noticia es que cada repaso hace que el recuerdo dure más. De ahí salen dos técnicas que se complementan: el repaso espaciado y el recuerdo activo.
El repaso espaciado
La idea es repasar un contenido varias veces, dejando cada vez más tiempo entre repaso y repaso. En lugar de leer un tema cinco veces la víspera del examen, lo repasas al día siguiente de estudiarlo, unos días después, una semana más tarde y así sucesivamente.
Un calendario orientativo:
- Día 1: estudias el tema.
- Día 2: primer repaso, corto.
- Día 4 o 5: segundo repaso.
- Una semana después: tercer repaso.
- Dos o tres semanas después: cuarto repaso.
No hace falta seguirlo al pie de la letra. Lo importante es que los repasos estén repartidos y que cada vez estén más separados.
Cómo organizarlo sin volverte loco
Si estudias muchos temas a la vez, apunta en una tabla o en tu agenda qué temas tocan cada día. Las aplicaciones de tarjetas (flashcards) con algoritmos de repaso hacen este cálculo automáticamente, y para vocabulario, fechas o definiciones son muy útiles.
El recuerdo activo
Releer el temario da sensación de dominio, pero es engañosa: reconocer algo no es lo mismo que recordarlo. El recuerdo activo consiste en intentar recordar sin mirar y comprobar después.
Formas de practicarlo:
- Preguntas en el margen. Al estudiar, convierte cada apartado en una pregunta. Al repasar, tapa el texto y responde.
- La hoja en blanco. Coge un folio y escribe todo lo que recuerdas del tema. Luego compara con los apuntes y marca lo que faltaba.
- Explicárselo a alguien. Si puedes explicarlo con tus palabras a otra persona, lo sabes. Si te atascas, ya sabes qué repasar.
- Exámenes de años anteriores y tests. Son el recuerdo activo más parecido al examen real.
Equivocarse forma parte del proceso: los fallos señalan justo lo que necesitas repasar.
Juntas funcionan mejor
Combina las dos: en cada repaso espaciado, en lugar de releer, ponte a prueba. Los primeros repasos costarán y fallarás bastante; los siguientes serán cada vez más rápidos.
Cuánto tiempo dedicar
Los repasos deben ser más cortos que la primera vez que estudias el tema. Si un tema te llevó dos horas, el primer repaso puede durar media hora y los siguientes, menos. Si un repaso se alarga mucho, es señal de que el tema no se asentó bien y conviene volver a estudiarlo.
En Iter puedes registrar cada repaso como una sesión con su asignatura y su tema. Así ves en las estadísticas cuánto tiempo efectivo dedicas a cada parte del temario y detectas lo que llevas tiempo sin tocar.
Un plan sencillo para esta semana
- Elige una asignatura.
- Al terminar de estudiar cada tema, escribe cinco preguntas sobre él.
- Al día siguiente, responde sin mirar.
- Programa los siguientes repasos en tu agenda.
En un par de semanas notarás la diferencia: lo que repasas así se queda mucho mejor que lo que solo has leído.
